Una agencia de publicidad especializada en parques de diversiones en Colombia

Por: Carlos Andrés Naranjo Sierra
Hace cerca de dos décadas comenzamos a trabajar con una empresa que combinaba la mecatrónica con la diversión, cosa extraña en Colombia. Su nombre era Divertrónica y fue el resultado de la iniciativa y la innovación de Jairo Hoyos, propietario de Divertrónica en la ciudad de Bogotá, y sus sobrinos Juan Gonzalo, Luis Guillermo y Julián, en la ciudad de Medellín. A partir de allí hemos aprendido y trabajado sin descanso en el posicionamiento de su marca Happy City.

Happy City fue la marca ganadora entre cerca de ocho insignias que tenía la empresa en el momento que llegamos con NARANJO PUBLICIDAD. Buscábamos establecer una identidad clara para los parques y definir una misma experiencia para los visitantes de los distintos parques de diversiones ubicados en todo el territorio nacional. No fue un proceso fácil, pues más allá de la técnica, se haya un tema de afectos y feelings personales que nublan la vista a la hora de definir el enfoque de mercadeo. Aún me veo en la sala de juntas explorando los posibles nombres de marca a unas pocas horas de mi ceremonia de grado como psicólogo.

Trabajar para CEF (Centros de Entretenimiento Familiar) ha sido una experiencia muy interesante, que exige un conocimiento profundo de las tácticas de mercadeo que se utilizan en espacios comerciales, que básicamente venden experiencias, y una respuesta ágil para convertir la diversión de la familia, con sus respectivos segmentos poblacionales, en un negocio amable y, por supuesto, rentable. Saber vender un intangible como el tiempo de diversión es asunto serio.

Y así de seria fue, en el año 2014, la compra del 70% de las acciones de Divertrónica Medellín y Diver Happy, propietarias de la marca Happy City, de la marca de los parques amarillos y la carita feliz. El accionista mayoritario ahora es el reconocido grupo empresarial peruano El Comercio, a través de su subsidiaria Coney Park, quien realizó una transacción cercana de los US$10 millones para hacerse con Happy City. Ahora Lima controla el ejercicio de la empresa de diversiones y su renovación administrativa y de marketing.

Mientras tanto en Medellín, desde las oficinas centrales de Divertrónica en Colombia y con nuestro apoyo en NARANJO PUBLICIDAD, continuamos trabajando en la construcción de la estrategia y los mensajes publicitarios de la marca Happy City, de cara a un nuevo futuro en el que la venta de experiencias memorables se ha vuelto cada vez más importante, y en la que los visitantes de los parques de diversiones en Colombia, y en el mundo, no cesan de pedir cada vez más momentos felices, momentos Happy.

Nuevo jingle de Happy City

Para algunos los jingles son simplemente “cancioncitas publicitarias” que vienen y se van, pero la verdad es que son uno de los principales patrimonios mentales de las marcas. Haga el ejercicio de tratar de recordar un aviso publicitario famoso en su infancia y verá que no es cosa fácil pero ahora trate de recordar algún jingle y verá que es más sencillo. “Feliz cumpleaños amiguitos te desea ponqué Ramo” o “La Fina, la margarina, la preferida en la mesa y cocina” para los más viejitos o “En la casita roja de Davivienda, está el ahorrador feliz” o tal vez “Milo te da energía, la meta la pones tú” para los más jóvenes.

El caso es que el cerebro recuerda más fácilmente los sonidos que las imágenes, es decir, los evoca con más plenitud pues además son más fáciles de reproducir. Por eso aquella frase de Confucio de que “una imagen vale más que mil palabras” no parece ser tan cierta. Algunos estudiosos del tema afirman que lo que el filósofo chino dijo realmente fue “una imagen vale más que mil monedas de oro”, cosa bien distinta. Otra fase que ha demostrado no ser tan cierta proviene de David Ogilvy, padre de la publicidad moderna, quien decía “si no tiene nada que decir, cántelo”.

En compañía de Productores Asociados, desarrollamos el nuevo jingle de Happy City para su nueva campaña de posicionamiento. Una música alegre y divertida, con una letra que busca quedarse en la mente de los consumidores por medio de conceptos diferenciadores como “Happy City, Happy, Happy City” y “Donde la familia es feliz por doquier, donde los niños son niños y los grandes también”. La radio nacional y los locales de Happy City serán el escenario donde comenzará a difundirse una nueva “cancioncita publicitaria” que, estamos seguros, muchos recordarán en un par de décadas.

SiteLock, un abuso al cliente desesperado

A finales de 2016 se presentó uno de los mayores ataques globales de malware y virus informáticos en la historia. Miles de computadoras se vieron afectadas al igual que millones de sitios web. Algunos de los sitios que manejamos en NARANJO PUBLICIDAD fueron parte de ese numeroso grupo de víctimas. Actuamos de inmediato y logramos recuperar toda la información que había en ellos y reforzamos la seguridad de algunos por medio de un servicio externo llamado SiteLock pero con una mala experiencia que queremos compartir.

Las compañías de seguridad informática sospechan que la mayoría de estos ataques, provinieron de europa oriental y de Rusia pero, como suele suceder en estos casos, no se tiene total certeza ya que los hackers actúan justamente tratando de borrar su rastro. El asunto es que en esos momentos uno quiere solucionar rápidamente el problema y compañías como SiteLock lo saben y se aprovechan de ello. No es posible contratarlas sólo para que desinfecten el sitio. Se debe firmar con ellos un contrato de mínimo seis meses, sin tener total certeza de su efectividad.

En medio del desespero por recuperar nuestros sitios, firmamos un contrato por medio año para que protegieran a PsicoSapiens. La verdad es que luego de hacerlo el sitio continúo presentando problemas y debimos conseguir a un programador que lo solucionara. Una vez solucionado el tema. Cada que consultábamos con SiteLock nos respondían en inglés técnico, aunque la página para recibir pagos estaba en español, desentendiéndose del asunto. Eso sí, cada semana nos enviaban su informe de “protección” y cada mes cobraban cumplidamente su servicio.

Dos veces recibimos una notificación de renovación del servicio que no habíamos solicitado. Tan pronto escribíamos para desautorizarla, nos llamaban de Fénix, Arizona, para escurrir el bulto, como decimos en Colombia. La primera vez afirmando que era un proceso automático del servicio de hosting, lo cual era falso pues habíamos cancelado ese servicio de hosting al que se referían y la segunda vez, es decir hoy, para informarnos que la renovación automática siempre se daba por defecto en sus planes y que la única forma de desactivarla era llamando directamente a SiteLock en Estados Unidos. No podía hacerse desde el panel de control de la cuenta, no podía hacerse enviando un ticket, no podía hacerse enviando un correo, sólo podía hacerse llamando.

“Eso está en el contrato que Usted firmó señor”, nos dijo una representante de SiteLock llamada Cristal que nos llamó para verificar que se trataba de nosotros pero no para cancelar la renovación automática. Le dije que era difícil comunicarse fuera de Estados Unidos a una línea de soporte y que cuando nos vendieron el plan de SiteLock, porque nos vendieron el plan con una llamada telefónica amable y personalizada, nunca nos advirtieron de las renovaciones automáticas, que nos sentíamos engañados y defraudados ¿Puedo colaborarle en algo más?, fue su respuesta. De modo que debimos bloquear la tarjeta de crédito para evitar seguir siendo abusados por parte de esta empresa que supuestamente protege a sus clientes.

Hoy sabemos que el problema que tuvimos puede resolverse sin necesidad de SiteLock, usando CloudFlare y teniendo un servicio de hosting medianamente decente, es posible evitar buena parte de las amenazas por malware. No fue nuestro caso en ese entonces pero quisimos compartir esta experiencia para que nuestros colegas del campo del marketing digital y el desarrollo de sitios web, lo tengan presente. Dicen que nadie aprende por cabeza ajena pero de pronto.