Publicista: ÀQuŽ me est‡s queriendo decir?
Ese pareciera ser el pensamiento de muchos de
nosotros cuando vemos la publicidad. DespuŽs de una tanda de comerciales uno
tiene la sensaci—n de haber asistido, sin querer, a la œltima exposici—n de
arte subrealista. Mensajes llenos de estŽtica, de efectos, de modelos y de
jingles pegajosos pero sin claridad en el mensaje... al final no se sabe si lo
que le queria decir la publicidad era una cosa o precisamente todo lo
contrario.
El mensaje ha pasado a segundo plano. Campa–as
sin objetivo, sin estrategia, sin concepto y sin efectos. Me pregunto a veces,
quŽ ser‡ lo que piensan los publicistas y sus clientes para desperdiciar tanto
dinero en avisos, cu–as o vallas con el œltimo modelo de la temporada pero sin
el œltimo concepto de la marca. Tanto el fondo como la forma hacen un todo en
el mensaje que se quiere comunicar, pero el uno sin el otro dejan coja a la
comunicaci—n.
Muchas empresas parte del supuesto de que
repetir lo mismo que esta haciendo su competencia es lo indicado, cuando en
realidad hacer lo contrario ser’a lo indicado para generar recordaci—n y
conseguir clientes. Los clientes nos fijamos en lo que podemos reconocer, y m‡s
de lo mismo es dif’cil de reconocer pues se vŽ igual que el resto. Uno puede
diferenciar f‡cilmente una manzana verde en una caja de manzanas rojas pero no
tan f‡cil una manzana roja en una caja de manzanas del mismo color.
La mente trabaja a partir de la asociaci—n que
logra hacer entre conceptos, si estos conceptos no son claramente definidos su
trabajo se dificulta. El consumidor necesita de mensajes claros, que le
expliquen el motivo para elegir un producto o servicio y adem‡s lo agradece con
su preferencia.
Por eso la pr—xima vez que vea una publicidad, no se pregunte si le gusta o no. Pregœntese si le esta comunicando una idea o no. Al fin y al cabo la funci—n de la publicidad est‡ m‡s del lado de lo efectivo que de lo bello, aunque si se pueden combinar las dos cosas, mucho mejor para todos.