Desde el otro lado del mostrador

 

ÀQuŽ compramos los j—venes? (Parte I)

 

 

Por: Carlos AndrŽs Naranjo Sierra

 

 

 

Los j—venes hemos ido adquiriendo en el mundo actual, una especial relevancia a la hora de hablar de compras y comportamiento de consumo. Lo que antes era una sociedad donde el llegar a la adultez era sin—nimo de capacidad econ—mica, se ha transformado en un nuevo escenario en donde la edad ya no es el patr—n b‡sico para determinar el poder adquisitivo.

 

 

 

Muestra de ello son los programas que han venido implementando los bancos y las entidades crediticias, en los colegios y universidades para captar clientes j—venes, no s—lo como una forma de cultivar nuevos prospectos sino tambiŽn como la posibilidad presente y real de generar m‡s ingresos.

 

 

 

Los j—venes no pensamos ni actuamos como las anteriores generaciones pues somos el resultado de un entorno y una genŽtica diferentes. ƒsto es muy importante a la hora de entender porquŽ nos comportamos como nos comportamos y porquŽ compramos lo que compramos, y si bien no es v‡lido generalizar en temas tan delicados, si podemos observar unos factores presentes en la mayor’a de nosotros.

 

 

 

Hemos crecido en un ambiente conflictivo, de nuevos modelos culturales modificados por la tecnolog’a, globalizados en lo comercial y atomizados en lo social. Las familias son ahora menos estables, cambian su confomraci—n de un d’a para otro y nuestros amigos vienen y se van, en busca de nuevas oportunidades que no encuentran en nuestro territorio.

 

 

 

Los grandes saltos de la computaci—n en los que hemos crecido, nos hacen dificil imaginar que antes pudiese existir un mundo sin controles remotos, videos digitales, chips o internet. Por lo tanto somos  inmediatistas, queremos todo para ya con s—lo undir un bot—n o tomar una pastilla. Desde la comida hasta la carrera profesional entr‡n en el juego de la rapidez, como si las cosas aparecieran y desaparecieran a nuestro antojo. Hemos perdido la capacidad de respetar el ciclo natural de las cosas y esto se refleja obviamente en lo que pedimos y esperamos de las cosas que adquirimos.

 

 

 

ÀC—mo compramos entonces? ÀQuŽ clases de productos? ÀPor quŽ un servicio ahora es visto de otra forma? ÀPara quŽ nos sirve la publicidad? ÀA quiŽn le creemos y a quiŽn no? Eso lo conversaremos en la pr—xima edici—n.

 

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Desde el otro lado del mostrador

 

ÀQuŽ compramos los j—venes? (Parte II)

 

 

 

En nuestra columna anterior hac’amos un analisis de las variables que afectan significativamente el comportamiento de consumo entre los j—venes, tales como el ambiente conflictivo, las familias dispersas, los saltos tecnol—gicos (que a la vez que nos comunican m‡s, tambiŽn nos distancian m‡s del contacto personal), la inmediatez y el exceso de ofertas. Veamos ahora como se reperesentan esas variables, a la hora de tomar nuestras decisiones de compras.

 

 

 

ÀC—mo compramos entonces?

 

Los j—venes consumidores de hoy vivimos en un mundo saturado de ofertas, lo que antes eran dos o tres negocios que ofrecian un producto, rapidamente se han convertido en 20 — 30 que no s—lo ofrecen el mismo producto, sino muchos m‡s. Adem‡s si no conseguimos lo que queremos aqu’, podemos pedirlo por internet a casi cualquier pa’s del mundo.

 

 

 

Lo que antes era un mercado netamente local se ha ido convirtiendo en un mercado brutalmente global, en el que las culturas y sus productos se mezclan a la velocidad de los bits y las telecomunicaciones.

 

 

 

ÀQuŽ clases de productos?

 

Ya que somos m‡s inmediatistas, pretendemos que todo servicio sea r‡pido, sin demoras y sin filas. Nuestros padres ten’an la paciencia para hacer una fila de media hora en un banco, nosotros a los quince minutos ya estamos desesperados y necesitamos una silla y un ficho con un nœmero de turno para no enloquecer.

 

 

 

Queremos productos pr‡cticos, que agilicen nuestra vida y que adem‡s representen de alguna forma c—mo vemos el mundo, por medio de su imagen de marca. Un buen ejemplo de esto, son ciertos alimentos enlatados que adem‡s de hacer m‡s facil su preparaci—n, cuidan el planeta. Es decir, hablan de mi conciencia ecol—gica como consumidor.

 

 

 

ÀPor quŽ un servicio ahora es visto de otra forma?

 

Se ha hablado tanto de servicio al cliente que hemos terminado creyŽndonos el cuento. Nos sentimos parte importante del negocio y como tal exigimos que se nos trate. Ya no queremos vendedores que nos estŽn presionando a cada momento sino que queremos que nos dejen mirar, escichar, oler, tocar, probar y comprar solos. Y hay del que no lo haga, porque encontrar‡ nuestra queja en el buz—n de sugerencias y no nos volver‡ a ver facilmente en su almacŽn.

 

 

 

ÀPara quŽ nos sirve la publicidad?

 

De este modo la publicidad ha venido a tomar el papel informativo que antes desempe–aban los vendedores. Al fin y al cabo si un no nos gusta lo que dice un vendedor tenemos que aguantarnos su discurso por un rato, mientras que si no nos gusta lo que dice la publicidad, simplemente podemos pasar la p‡gina o cambiar el canal.

 

 

 

ÀA quiŽn le creemos y a quiŽn no?

 

Eso s’, pedimos informaci—n ver‡z, oportuna, completa, creativa. Que sea f‡cil de leer y de entender, sin cuentos raros ni exageraciones. Que podamos confirmar al comprar el producto o al obtener el servicio. Nacimos en medio de los medios de comunicacion masivos y ya conocemos la mayor’a de sus trucos. No creemos en quienes nos enga–an con estrellas de cine, fotograf’as infladas u ofertas espectaculares.

 

 

 

Para finalizar, aunque este art’culo hable en general de los j—venes, no podemos olvidar que nuestra forma de pensar y de actuar es muy particular y como tal queremos que se nos trate.