Desde el otro lado del mostrador

FIDELIDAD VS. COSTUMBRE

 

Por: Carlos AndrŽs Naranjo Sierra

 

Ultimamente se escucha hablar mucho del tŽrmino fidelidad para referirse a los clientes que prefieren cierto producto o servicio frecuentemente. Los publicistas hemos llamado a este proceso "fidelidad de marca" y consiste en generar una marca tan significativa para los consumidores, que estos la prefieran por encima de todas las dem‡s marcas.

 

De hecho y sin ir m‡s lejos, algunas empresas han desarrollado programas de descuentos e incentivos bajo el nombre de "programas de fidelizaci—n" con la idea de que el cliente ser‡ fiel si se le ofrecen ciertas recompensas ÀCierto? No. El cliente no es fiel a una marca porque se le ofrezcan ciertas recompensas, de ser as’, ser’a fiel a las recompensas, no a la marca. Es como si su esposo o esposa le fuera fiel por el nœmero de regalos que le da en navidad. De hecho, tampoco creo que se dŽ mucho entre los consumidores la famosa fidelidad de marca. Es veros’mil que hay ciertos clientes que no cambian f‡cilmente de marca, pero Žstos son la excepci—n, no la regla.

 

Pero ÀQuŽ est‡n haciendo de malo las empresas que no logran clientes fieles? Tal vez nada. Ya que la fidelidad es un concepto dif’cil de alcanzar para la mayor’a de las marcas comerciales. Es mejor hablar de costumbre para entender el fen—meno. Los clientes normalmente tienen un rango de marcas entre los que se mueven y que consideran perfectamente aceptables. Si no hay la marca X, pueden pasar sin problema a la marca Y, lo que no implica que compren una marca Z que consideran de un rango inferior.

 

Dec’a Thomas Robertson en 1976: "Una gran parte del consumo es trivial, carece de importancia y no involucra al ego, de modo tal que las convicciones y preferencias no son sostenidas vigorosamente y hay una falta de compromiso con la modalidad de adquisici—n". Si Žsto lo dec’a el buen Robertson hace casi treinta a–os ÀQuŽ podremos decir hoy en d’a cuando la competencia se ha vuelto m‡s agresiva?

 

Es err—neo considerar que un cliente vuelve y nos compra necesariamente porque nos es fiel. Es mejor pensar que hay algo que le ofrecemos como comodidad, seguridad o conveniencia que hace que prefiera evitarse la molestia de cambiar y comprar en otra parte. Finalmente todo cambio exige un proceso de acomodaci—n que es molesto para la mayor’a de los seres humanos. As’, la gente preferir‡ lo habitual, a menos que la nueva marca le ofrezca un beneficio suficientemente significativo como para compensar el "molesto" proceso de cambio.