Desde el otro lado del mostrador

SIN EMPRESARIOS NO HAY EMPLEO

 

Por: Carlos AndrŽs Naranjo Sierra

 

Las tiendas, grandes medianas o peque–as, al igual que las pymes o las grandes compa–’as no son ajenas a la realidad que econ—mica de cada pa’s. Todo lo que sucede en materia de pol’ticas econ—micas e impuestos, afecta directamente a todas las empresas, m‡s a las peque–as que a las grandes pero a todas al fin y al cabo, y Žsto a su vez a sus trabajadores.

 

Algunos gobiernos han cre’do que para generar empleo hay que crear grandes compa–’as estatales haciendo del estado el gran patr—n, con el monopolio de la producci—n, pero lo anterior no ha demostrado buenos frutos, al menos en la mayor’a de los casos, pues por un lado las empresas no tienen dolientes ya que son de todos y por el otro lado no son capaces de innovar con la velocidad e iniciativa que genera la presi—n del mercado. Tal como el atleta que necesita de los competidores respir‡ndole a los lados para correr m‡s de prisa y poder batir sus propias marcas.

 

Otros pa’ses, en cambio, creen m‡s en el libre mercado, con mejores resultados. Es decir, piensan que es deseable una intervenci—n menor del gobierno. Tal como dicen los alemanes: "Estado hasta donde sea necesario, mercado hasta donde sea posible". Algunos dir‡n que este tipo de sistema perjudica a las peque–as tiendas y empresas, pero me parece que es todo lo contrario. Este tipo de sistema, al favorecer la innovaci—n y la iniciativa individual, posibilita que surjan nuevas empresas que vayan creciendo para reemplazar a las grandes y aquilosadas, tal como sucedi— con los dinosaurios. Eso si, quien quiera salir adelante en este tipo de sistema, no puede dormirse en los laureles.

 

Personalmente he visto como peque–as ideas se han convertido en grandes empresas que generan empleo para muchas familias colombianas. Individuos que han dejado de quejarse de las circunstancias y han echado para adelante, con incre’bles resultados. He visto tambiŽn, como peque–as y medianas empresas de capa ca’da en a–os anteriores han recuperado sus br’os gracias a un ambiente econ—mico m‡s estable y seguro de la nueva Colombia. No voy a decir que hoy todo es color de rosa, pero si es evidente que las cosas han mejorado para la mayor’a de empresas.

 

Si los empresarios no se atreven a invertir o se van con sus capitales del pa’s, no hay quien genere nuevo empleo. Generar empresa implica asumir riesgos. Pocas personas pondr‡n en juego su capital si no consideran que obtendr‡n un beneficio por hacerlo, esto puede ser ego’sta pero es natural y necesario para el desarrollo y la evoluci—n, por duro e implacable que parezca.

 

Es mejor tanto para las pymes como para las grandes empresas, un ambiente de mercado donde algunos se enriquecen m‡s que otros con su trabajo pero donde todos pueden salir adelante con su propia iniciativa, que un ambiente donde se habla de riqueza para todos pero en el que finalmente hay que esperar la iniciativa del estado para salir adelante y donde s—lo unos pocos dirigentes se quedan con el fruto del trabajo del pueblo.