Desde el otro lado del mostrador

Es mejor ser diferente que ser mejor

 

Por: Carlos AndrŽs Naranjo Sierra

 

Nuestras mentes son un mundo curioso. Funcionan de una manera pr‡ctica y clara. No toleran demasiada confusi—n y clasifican los datos de modo que puedan ser utilizados r‡pidamente para la toma de decisiones que exige la vida diaria en el planeta. Sin embargo, este funcionamiento parece ser ajeno para muchos hombres y mujeres de negocios.

 

Es muy comœn encontrar en nuestro medio, empresas que malgastan sus inversiones publicitarias, publicando a los cuatro vientos propuestas de venta como: "Su mejor opci—n en finca ra’z", "Los nœmero uno en telefon’a ", "Precios sin competencia", "El software superior" o mensajes por el estilo, en los que lo œnico que se hace es comunicarle al cliente la majestuosidad del ego de las propias empresas.

 

El mercadeo y la publicidad no son un juego de egos, productos o servicios. Son un juego de percepciones. Ya lo dicen Al Ries y Jack Trout en su bien conocido libro "Las 22 leyes inmutables del Marketing": "el marketing no es una batalla de productos, es una batalla de percepciones". Y para administrar correctamente estas percepciones es necesario mirar las cosas desde el punto de vista del consumidor, no s—lo desde el punto de vista de la compa–’a.

 

El consumidor necesita tener datos claros y concisos sobre lo que hace diferente a un producto o servicio de otro similar. Decir que se es el mejor es caer en la trampa de los que creen que la clave del Žxito es hacer m‡s de lo mismo pero mejor. ÀEs mejor un pl‡tano que un mango? Es dif’cil de explicarlo objetivamente. Lo que si podemos decir es que son diferentes. Si vendemos el banano diciendo que es un pl‡tano mejor, tenemos pocas probabilidades de que la gente lo reconozca.

 

Igualmente tenemos pocas probabilidades de reconocer cual producto es mejor, cuando nos enfrentamos al proceso de compra, y mucho menos cuando es el propio producto el que nos dice que es mejor. ÀLe cree usted a un abogado que le dice que es el mejor? ÀO le cree m‡s si le dice que es especialista en un determinado campo y que por eso es diferente?

 

Cuando miramos una caja de manzanas en la que hay una naranja, reconocemos esta œltima inmediatamente, no porque sea mejor, sino porque es diferente. Ser mejor es un juicio que le corresponde hacer al cliente, no al mercadeo, ni a la publicidad.