Desde el otro lado del mostrador

El comercio y la cultura

 

Por: Carlos AndrŽs Naranjo Sierra

 

Hablar del comercio y cultura en ciertos c’rculos acadŽmicos o intelectuales, es un asunto poco menos que barb‡rico. Se corre el riesgo de ser tildado de fascista, neoliberal o cualquier otra chapa demag—jica. Pero prefiero abrir el debate, que cerrar la condena. Quienes condenan el  comercio, generalmente utilizan el tŽrmino para referirse despectivamente a cualquier actividad que busque un lucro, como si el lucro fuera condenable por s’ mismo y como si no fuera Žste el que nos d‡ el sustento diario. Frases tales como "Eso es puro comercio", "Lo œnico que le importa es el comercio", "Esa celebraci—n es un asunto meramente comercial" y otras por el estilo, dan la impresi—n de que el intercambio econ—mico entre las personas, fuera cosa de inhumanos o capitalistas salvajes. De hecho los tŽrminos comercio y cultura pareciera que fueran antag—nicos (opuestos).

 

Pero la verdad es precisamente todo lo contrario. Comercio y cultura son tŽrminos profundamente relacionados. El intercambio econ—mico entre los pueblos, es uno de los elementos fundamentales que ha permitido que la civilizaci—n avance. Los grandes descubrimientos e inventos han tenido en el comercio su padrino. El producto desconocido de una cultura se intercambia con otra, modificando radicalmente la relaci—n de este pueblo con su mundo. No fuimos nosotros quienes inventamos la rueda, pero nos hemos beneficiado de ella. Ni siquiera nuestro producto bandera, el cafŽ, es propio de nuestra tierra. Los sacerdotes que vinieron a AmŽrica lo trajeron consigo y ahora es uno de los emblemas de nuestra cultura. Sin el intercambio comercial no existir’a Juan ValdŽz ni Conchita su mula.

 

Es cierto que el comercio afecta las culturas en el intercambio ÀQuŽ cosa no lo hace? En qu’mica un nuevo elemento que se introduce en un medio cualquiera, termina por modificar en algo las caracter’sticas de ese medio y este, a su vez, afecta al elemento en que se introduce. El azœcar que se le echa al tinto modifica el tinto y Žste a su vez modifica al azœcar misma ÀAcaso la idea es mantener aisladas las culturas para que no se vean afectadas entre s’? Una cultura es la forma en que un grupo humano se las arregla para sobrevivir en su entorno, modificando la naturaleza. Una de esas formas es intercambiar con otros pueblos, haciendo de una cultura la suma de todas las dem‡s culturas que la tocan. La cultura, como la raza, no es est‡tica, se mezcla y cambia permanentemente.

 

El comercio enriquece a las culturas y es la diferencia entre ellas lo que posibilita tal relaci—n. Si todas las culturas fueran iguales, no habr’a nada que intercambiar. Pero el que haya intercambio entre ellas no significa que al final todas se volver‡n iguales. Las grandes multinacionales se han dado cuenta que es inœtil luchar contra la corriente, ofreciendo productos estandarizados en todo el mundo. As’, es posible encontrar pizza en McDonald«s Italia o gaseosa de manzana, de color rosado, con manzana Lift de Coca-Cola en Colombia.

 

Pienso que los colombianos deber’amos aprender m‡s y asustarnos menos, cuando de comercio y cultura se trata. Obviamente como en todo negocio, con extranjeros o nacionales, hay que tener cuidado con quiŽn y en que condiciones se negocia. Muchos paises peque–os nos han demostrado que si se puede ser competitivo en un entorno global, mientras haya especializaci—n y conocimiento. Si dejamos de perder el tiempo enfrascados en peleas con nosotros mismos mientras el mundo avanza, podr’an haber no s—lo m‡s fondas paisas en casi todos los paises del mundo, sino muchos otros productos y servicios de nuestra cultura. Finalmente en el caso de servicios, hay m‡s colombianos trabajando en el exterior que extranjeros trabajando en Colombia.